
Satánicos y lívidos placeres
de mi pasado triste y solitario,
la persona que vivió dentro mío
parecía un mendigo esclavizado,
vivía peleando con todo el mundo:
con Dios, con su madre, con sus hermanos.
Amores clandestinos en su vida
que casi nunca llegó a consagrarlos;
él tenía un odio a la humanidad
y un gusto placentero de pecados.
¿El odio que en su mente alimentaba
sigue latiendo en este cuerpo acaso?
¿Su falta de vulgar hipocresía
sigue siendo nuestro himno sacrosanto?
Mientras más averiguo de mi vida
más me confunde mi oscuro pasado,
mientras de noche miro las estrellas
su grito y su recuerdo son mi canto.
Se vuelve intenso mi yugo con él.
¿Por qué siempre pasamos cabizbajos
en nuestra búsqueda de sentimientos
sin ver los nuestros? Dentro del espacio
existen vacíos, y dentro ellos
el espacio se torna desolado.
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