
Yo que viaje por indomables mares
y me designé bohemio,
tras luchar contra dragones
y cruzando ardientes fuegos,
que destrocé con coplas insondables
los más tórridos vientos,
me siento aletargado y triste
en mis propios recuerdos.
Yo que erguidamente avancé por caminos
y a la muerte nunca tuve miedo,
que batalle contra hambres y miserias,
que soporte mancillantes improperios ,
ante los muslos del amor caí rendido,
ante sus besos callejeros.
Yo que nunca perdí la esperanza,
de pronto me sentí servil y viejo.
Ahora cabizbajo y demacrado
por el mismo camino regreso,
avergonzado de ser lo que critico
en la gente que desprecio,
no soy más que escombros de un pasado
de un maldito misterio
que me latiga como tundras infernales
de verme como un pobre limosnero,
de pedir, por caridad, una caricia,
una palabra, una sonrisa, un beso.
Pero tú, viento salvaje me despiertas
esta madrugada donde tiemblo,
admitiendo que ya casi estoy vencido,
que al amor imposible tanto temo,
que sin esa mujer estoy perdido,
que a sus redes belicosas me encadeno…
Vienes esta vez a despertarme
y siento renacer todo mi ego.
He de caer tal vez en otra piedra,
como el profeta que dejo su reino,
y volveré a perderme entre las sombras,
y a recordar mis hazañas con el tiempo.
Oh no, esta vez no dirán que he perdido
no dirán que he muerto…
Hados salvajes que surcaron mi sangre,
que marcaron mi cuerpo…
no os reirán otra vez de mi:
Con gesto burlón y virulento
alzaré la frente hacia la puesta
y les diré: “He vuelto”.