
Amor mío, perdona si soy un egoísta
un malagradecido o un típico machista:
perdona mis palabras ariscas y grotescas,
yo sé que me soportas más de lo que debieras;
y es que tan sólo siento un miedo de perderte,
que sólo al parpadear presiento ya no verte.
¡Cuántas noches dedico suspiros al vacío
porque si tú me faltas, nada parece mío!
Perdóname, si a veces, te llamo y te maldigo,
es que tu indiferencia se torna mi castigo.
No acostumbro decirte lo mucho que me gustas,
y sé que siempre busco, para enojarme excusas;
porque contigo hallé el perfecto sentido:
sepultar en las tumbas escombros del olvido;
los recuerdos amargos, sombríos y lejanos
para empezar de nuevo, tomados de la mano.
No busques en extraños lo que yo puedo dar,
porque nada ni nadie se podría ocupar
de todos tus pesares, de todos tus problemas
y es porque nos amamos aunque no lo demuestras.
Sé que yo no daré lo que esperas de mí,
pero quiero aprender. Yo quiero convivir
con todos tus dolores, todas tus alegrías
para sentirlas juntos el resto de los días.
Disculpa si te tomo, a veces, como a todas,
es que todo reflejo habita con las sombras,
pero mira mis ojos y siente con mi llanto
que nadie en este mundo te soñaría tanto.
Descubre en las cortinas de mis oscuras venas,
que este no es el final... es el comienzo apenas.
Trataré de cambiar para estar en tus besos,
para estar en la lluvia, el aire y en tus sueños;
y para demostrarte que nadie te va a amar
como te estoy amando... Amor... ¡Voy a cambiar!
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