
Tanto te lo pedí. Lo pedí tantas veces,
tú de mi juramento ya ni te acordarás.
Ahora los recuerdos son nuestros propios jueces:
Tú me diste el olvido, que no llega jamás.
Yo te di mi pasado con ajeno reproche,
yo te juré un futuro de nunca terminar,
y, todo terminó, como acaba la noche.
¿Por qué tan solo el tiempo tiene derecho a amar?
Parece que me quejo, pero no es un reclamo,
tú no tienes la culpa, ni yo, ni el más allá.
Fue culpa de jurar y admitir que te amo
sabiendo que después nuestra amistad "será".
Debí poder mentirte, debí seguir callando,
debí no ser sincero ni con mi corazón,
porque después de serlo me estuve enamorando
de un tenue sentimiento llamado: frustración.
Te convertí en mi Diosa... Derrumbé tu convento.
Cambié las ilusiones por cruel hostilidad.
Al final conseguí romper mi juramento:
"Te veré como amiga por una eternidad".
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