
La soledad me viste cada noche
en mezcla de pasión y de pernocte,
me abruma, me castiga y me persigue,
de mi piel, en girones, me desviste.
Una vez más, la luna me devora
en hipnótico ardid de reina cobra,
y las pasadas horas se consumen
como copos de nieve ante la lumbre.
Inútil olvidar con este cuerpo:
¡de noche son más largos los recuerdos!
Y aunque intente llorar no cede el
llanto...
como agua que se escurre entre mis manos.
Serán las compañeras asesinas
que inspiran a mi vil melancolía,
como chacales, buscan un pretexto
para volver comida al pobre muerto.
Amante del amor en mal momento,
amigo del destino y del silencio...
Si he de llover recuerdos cuando muera:
¡No quiero despertar cuando amanezca!
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