
No sé por qué te quiero, ¿será porque me encantas?
¿Por qué al hablar contigo parece hablar con tantas?
No existen las respuestas, ni faltan los motivos
para beber tus labios de libidos olivos.
Avispas infinitas que surcan mi silencio,
¿cometí los pecados que yo tanto sentencio?
Por este sacrilegio, ¿cuál será mi holocausto?
¿Vivir? ¿Vivir y amar hasta quedar exhausto?
Tristeza de mi ayer, pureza del pasado,
No sé por qué te quiero... ¡Pero sí que he pecado!
¿Qué ayer o qué pasado? Yo al presente me muero
Si no sé por qué te amo, menos por qué te quiero.
Murió mi pensamiento y renaciste en mi alma,
tus lágrimas de niña perturbaron la calma
a éste lóbrego amante. A tu abismal ternura
que para todos das,
sin recibir jamás
la merecida cura.
Solo yo te merezco, mi diáfana estrella,
Amamos las pasiones, la soledad aquella
que se nos fue negada
por amor todo y nada.
Aspiras al futuro, vorágine vivida,
solo tú y yo tendremos la tierra prometida.
No sé por qué te quiero, pero sí te prometo
darte la vida entera y el corazón completo,
olvidando el dolor que bastardos difuntos
ofuscaron las almas que revivimos juntos.
Creo que mi resigna no acaricia tus playas,
pues mis ojos suplican: “por favor, no te vayas”.
Soporto mi pasado, soporto mi futuro,
pero a ti, mi presente, por mis lágrimas juro
nunca decepcionarte... nunca decirte un “pero”.
No sé por qué te escribo... ¡No sé por qué te quiero!
Y aunque mi cobardía se declare primero,
te dedico estas líneas porque sé que te quiero.
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